Twin Peaks era un sueño, vivíamos dentro de un sueño

Con honestidad, nada nuevo creo que se pueda decir que no se haya contado sobre esta serie. Tampoco mi intención es sentar cátedra.

En realidad cuando pienso en Twin Peaks siempre llego al mismo lugar, todo lo que supone en mi vida, cómo sigue formando parte de mi presente , el hogar que me ha ofrecido y la infinita imaginería lynchiana que sigue brotando a día de hoy y no solo no desvela preguntas sino que cuando crees llegar a un punto en el camino , te genera otras nuevas ( una de las cualidades más maravillosas de la mente de David Lynch ).

Twin Peaks me acompaña desde los 10 años, 1990 , cuando Telecinco apostó por la emisión de algo nuevo, sin precedentes, y sin ser conscientes de lo que tenían entre manos, consiguiendo una tasa de share hasta entonces no acostumbrado en la televisión privada que recién aterrizaba.

El choque fué abismal, con mi edad poco entendía sobre la trama …. y aunque la “comprensión” haya aumentado, hay incógnitas que nunca querré desvelar, porque de hecho, esa no es la cuestión oculta, no es el trabajo impuesto como espectador, Twin Peaks está para atreverte a sentir y asomarte al mayor peephole de matices jamás plasmado en un guión.

Twin Peaks no es una serie de la que haya que convencer a nadie para que se siente a verla, mas bien diría que es una serie que te llama, que es o no es para tí, sin medias tintas, ni presentaciones. Te sumerge de lleno desde el primer fotograma y su intro de cabecera pasando por su banda sonora , que en palabras de Lynch : “‘ Es muy oscura y amenazante al principio, con un clímax ascendente que desgarra los corazones de las personas, y luego descendemos otra vez, de manera muy suave, hacia la oscuridad y el mal augurio

Añadir su frío hogareño, que cuanto más contradictorio, más claro hace el camino por sus puentes, hoteles y aserraderos.

Un refugio audiovisual, donde puedes incluso hacer el esfuerzo de “entender” a aquellos que no concibes en sociedad, como puede ser el caso de Leo Johnson, o Leland Palmer …

Pocas series tras Twin Peaks han conseguido impactarme en profundidad, quizás las más cercanas sean The Leftovers o Hannibal, (2 joyas más de la corona ) pero aún así, el cetro , la batuta y la dirección de orquesta sigue en manos de Lynch, con su incesante dedo en la llaga, adentrándose en el inconsciente colectivo cual Sherlock Holmes en plena disertación.

Todos sabemos que Twin Peaks marcó un antes y un después en el mundo de la televisión y las series en particular, te guste o no la trama, la escenografía, los personajes impostados, exagerados y cercanos al mismo tiempo y toda la simbología , mitología y uso del tiempo de ese soñador dentro de un sueño.

Es muy probable que Lynch te haga pensar que Twin Peaks es una realidad que reside dentro del mundo onírico de Dale Cooper, digamos que Cooper podría ser lo que Joseph Campbell denomina «el señor del sueño» o Sandman para Neil Gaiman.

Supongo que los que amamos esta serie recordamos las 2 primeras temporadas como carta de presentación del menú, pero su tercera temporada y su precuela, Fuego camina conmigo, el film MAS MARAVILLOSAMENTE CRUEL de toda su carrera, ofrecen un todo imprescindible, nada sobra, al igual que nada añadiría a día de hoy ( no soy de las que espera una cuarta temporada )

El “mejor culebrón” sin moralejas, pero con misterios y dilemas que haya visto.

No os apasiona que a través de vidas corrientes , haga creer en lo sobrenatural ?

Y cómo todo lo sobrenatural nos lleva a buscar explicaciones, sentidos o cerrar historias, Twin Peaks no es una excepción.

He llegado incluso a escuchar que el desarrollo de la serie genera cierto ” amor/odio” bien justificado.

No sé si nada que desprenda odio en ninguna dosis se puede justificar, dejadme que lo ponga en duda, pero de nuevo, hablando de impresiones personales, si bien a los largo de 30 años se han recopilado ciertas respuestas o conclusiones referente a la simbología encerrada en los cuadros vivientes que representan sus escenas, me parece más que fantástico y procedente las tramas inconclusas y los finales abiertos que en Twin Peaks siempre quedan latiendo, por mucho que lo inacabado sea pecado en televisión.

Y más allá de mito órfico que devora a Cooper, el grito ancestral de Laura a través de diferentes planos y visiones del mismo horror, más allá de la televisión, el cine y la certeza de que no hay final feliz para esta pesadilla … más allá de todo … Twin Peaks ha sido, es y será, hogar, refugio, una ventana al inconsciente, una forma de relacionarse con el mundo , desarrollarse, encontrar, debatir, compartir , vivir ….

Y ahora os pregunto : ¿ acaso no es el ARTE precisamente eso ?

Hasta la próxima.

2 comentarios sobre “Twin Peaks era un sueño, vivíamos dentro de un sueño

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